
Su Majestad, se convirtió en el mejor abogado defensor de su pana, el Fiscal General, Washington Pesantez, en el juicio político que se le avecina, para lo cual tuvo que halar las orejas a algunas ovejas negras de sus incondicionales corderos, pidiéndoles inclusive que se despojen de la inmunidad parlamentaria, como amo y señor de todos los poderes.





